Cantiga 42

Viñeta 3

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Juego de pelota

Este doncel, con un miedo de torcer el anillo cuando le diese a la pelota, fue a buscar dónde pudiese ponerlo, y vio a la imagen de tan hermoso parecer, y se lo metió en un dedo, diciendo:

-"Desde hoy no se me da nada de quella que yo quería, porque juro a Dios, que nunca tan bella cosa vieron estos ojos míos; por ende, de ahora en adelante, seré uno de tus siervos, y este anillo tan hermoso te lo doy por señal."

E hincado de hinojos ante ella, con devoción, diciendo "Ave María", le prometió entonces que, desde allí en adelante, nunca, en su corazón, querría bien a otra mujer, y que le sería leal.

Después que hubo hecho esta promesa, el doncel se irguió, y la imagen encogió el dedo con su anillo y él, cuando tal vio, se llenó de pavor y dijo a grandes voces:

-"¡Ay, Santa María, váleme!"

Las gentes, cuando esto oyeron, se llegaron corriendo allí donde el doncel gritaba, y él les contó lo que ya os he dicho; y le aconsejaron que entrase luego en la orden de los monjes de Claraval.

Todos creyeron entonces que lo había hecho, pero, por consejo del demonio, hizo las cosas de otra manera que como lo había prometido a la Virgen de gran prez; así se le deshizo de la mente, como deshace el agua la sal.

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