Cantiga 124

Viñeta 1

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Un hombre es condenado a morir lapidado

Esta es cómo Santa María guardó a un hombre que apedrearon para que no muriese, hasta que se confesase, porque ayunaba las vigilias de sus fiestas.

El que por la Virgen deja aquello en que tiene gran placer, Ella siempre le muestra aquí el bien que le hará después.

Y de esto un gran milagro os contaré que oí decir a los que lo vieron y lo cuento tal como yo quiero hacerlo y según cómo lo he aprendido, que lo mostró Santa María en la tierra que está muy cerca de ambos mares, del Grande, que corre alrededor de la tierra y del otro que llaman Menor; y lo mostró Santa María en favor de un hombre. Quien lo oyere, deseará ayunar en su fiesta de marzo, como él lo hacía; que ayunó durante mucho tiempo. Pero, porque fue a Jerez y a Sevilla, más de una vez, cuando eran los moros, fue acusado y preso, porque sin mandato fuera allá, y sentenciado a que lo matasen luego, sin apelación, y que fuese apedreado por haber hecho tal cosa.

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